Arte y el Volcán Parícutin



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Paisaje del Parícutin 1943, acuarela de Raul Anguiano


MARTÍNEZ Villa Juana 2016. Travesías rumbo al Volcán. miradas viajeras en torno a la región del Parícutin. En: Corona Chávez Pedro y López González Ana Lourdes (Coordinadores), Retorno al Parícutin, Ciencia, arte e historia para compartir. Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo, Morevallado Editores, Morelia, p. 42-63.
LOPEZ González Ana Lourdes 2013. Las prácticas artísticas y el Volcán Parícutin. C+Tec Litófago, Volumen especial 70 Aniversario. p, 17-21.
José REVUELTAS.  s/a. Visión del Paricutín. p.15-16


Desde el nacimiento del Volcán Parícutin, además de las personalidades oficiales, se dieron cita periodistas, intelectuales, fotógrafos, pintores y una gran cantidad de personas creativas y artistas. Todos ellos fueron creando y dejando un legado, el cual muchas veces quedó en manos de privados y en otros, por fortuna, fueron recuperados por diferentes instituciones públicas como el INBA.

La actividad artística nunca ha parado, como nunca ha dejado de tener visitas la Región del Volcán Parícutin. Prueba de ello son los diferentes festivales "Arte de la Tierra": 

http://www.artedelatierraparicutin.com.mx

los cuales han sido organizados por una serie de vibrantes y activos artistas, en donde se incluye la Maestra, Ana Lourdes López dela Facultad de Bellas Artes de la UMSNH.

Por mi falta de oficio, aquí se propone dejar un fragmento del reciente artículo escrito por Martínez-Villa en 2018.


Paisajes cromáticos después del nacimiento del volcán...

Tomado de: MARTÍNEZ Villa Juana 2018. Siluetas del volcán: crónica, literatura viajera y memoria visual en la construcción del paisaje de Parícutin. Ciencia NIcolaita, Volumen 74, Monográfico especial por el 75 Aniversario del Parícutin, p.97-134.

(Por espacio, no todas las figuras del artículo original han sido incluidas, para su visualización favor de consultar el documento original)

...Al lado de los fotógrafos y los poetas llegaron al pie del Parícutin numerosos pintores de connotada fama a nivel mundial. Un consagrado Diego Rivera delineó en óleos y viñetas los entornos derruidos por la erupción. Sus escenas permiten imaginar a un Diego temeroso de expresar cualquier altanería ante el coloso. De cualquier manera logra insertar sus paisajes devorados por el fuego en el contexto de lo puramente mexicano, como si el Parícutin entonces, al lado del Popocatépetl y el Iztlazihuatl demandara su evocación patriótica.

 

Imagen 10.- Diego Rivera, “El Parícutin, paisaje devastado II”, dibujo a tinta / papel, 1943, Colección Marte R. Gómez, Museo Casa Diego Rivera, Guanajuato. Publicada en: “Parícutin. Diego Rivera y el nacimiento de un volcán”. Guanajuatenses por el mundo, México, INBA, CONACULTA, Gobierno del Estado de Guanajuato, 2015.

                  Imagen 11.- Diego Rivera, izquierda: Tres ramas, 1943, acuarela sobre papel, 48 x 81 cm, Colección: Marte R. Gómez, Museo Casa Diego Rivera, Guanajuato.

Imagen 12.- Diego Rivera, derecha: Paisaje de una erupción, ca. 1943, acuarela sobre papel, Museo Casa Diego Rivera, Guanajuato, Gto. Publicadas en: “Parícutin. Diego Rivera y el nacimiento de un volcán”. Guanajuatenses por el mundo, México, INBA, CONACULTA, Gobierno del Estado de Guanajuato, 2015, disponible en https://issuu.com/guanajuatensesporelmundo/docs/paricutin_diego_rivera

 

El pincel científico de Ezequiel Ordoñez también dejó valiosos testimonios documentales. Sus paisajes arraigados en la tradición decimonónica dejada por José María Velasco acompañaron sus informes geológicos. El «padre geólogo», como era conocido entre los comuneros de los pueblos impactados por el volcán, había ganado su afecto al despejar dudas y creencias en torno al surgimiento de la montaña y su erupción como consecuencia de maldiciones y castigos divinos. Ordoñez difundía además los ciclos futuros del volcán, el tipo de erupción que lograba, así como los peligros que podía enfrentar la población si se negaba a salir del territorio reclamado por la lava. La pintura de Ordoñez enfatiza la cronología de la erupción, el crecimiento del cono, así como la radical transformación del paisaje.


Imagen 13.- “Fumarola”, tomado de Ordoñez, Ezequiel, El Volcán de Parícutin, México, Editorial Fantasía Juan M. Aguirre A., 1947.


Imagen 14.- “Erupción del Parícutin”, tomado de Ordoñez Ezequiel, El Volcán de Parícutin, México, Editorial Fantasía Juan M. Aguirre A., 1947.


Un resplandeciente Parícutin de arraigada tradición simbolista emana de las manos de Rufino Tamayo. Desligándose por completo de sus contemporáneos parece retratar en el volcán una experiencia personal y profundamente renovadora para el arte de mediados del siglo XX. En su escena no es el volcán temperamental comúnmente citado, es una lúdica montaña que juguetea plácidamente con una lluvia de fuego en medio de una noche azul intensa. Los árboles petrificados parecen danzar al compás de los fuegos de artificio que caen resonantes entre la lava solidificada que cubre ya los pueblos de San Salvador Combutsio y San Juan Parangaricutiro.

 

Imagen 15.- Rufino Tamayo, Paisaje del Parícutin, 1947, óleo sobre tela, 76.2 x 101.5 cm, colección privada. Véase: http://www.rufinotamayo.org.mx/wp/projects/paisaje-del-paricutin/

 
La agonía del Parícutin en 1952 fue plasmada magistralmente por Ricardo Soriano. Para entonces la penumbra de los primeros años había desaparecido y Soriano hereda a la posteridad una diáfana escena en irrepetibles azules que permiten apreciar apenas chorreantes los últimos riachuelos incandescentes exhalados del volcán. Como quien ha sido redimido en su lecho de reposo, así emergen los hilos de fuego en el cono madre y en el pequeño Sapichu, mientras algunas siluetas que no permiten descifrar si son peñascos de lava o bien un bosque de pinos, abren telón al resto del paisaje.

 

Imagen 16.- Ricardo Soriano, Agonía del Parícutin, Febrero 17, 1952. ver: http://www.paredro.com/wp-content/uploads/2015/02/PARICUT%C3%8DNRICARDO-SORIANO-02.jpg

 

Imagen 17.- “Dr. Atl y el volcán”, Navarro Foto, Archivo Fotográfico del Instituto de Investigaciones Históricas, Fondo: Gerardo Sánchez Díaz

Nadie supo comprender mejor las intenciones del Parícutin que el Dr. Atl, quien prácticamente consolidó su profesión pictórica al declararse «dueño del volcán». El Dr. Atl, arribó al lugar del nacimiento el mismo año en que reventó la tierra. Siendo, como él mismo se calificaba, un caminante incansable y notable alpinista, pronto decidió instalarse en una vieja choza que le permitía soñar con los bocetos del volcán, mientras éste lo enamoraba cada noche con una furia incontenible. Atl no sólo pintó el paisaje del Parícutin, sino que a través de un sagrado proceso de transustanciación se convirtió en el paisaje mismo. Sus escenas, elocuentes poemas de pasión desenfrenada, hablan de este romance entre el volcán y el pintor. A partir del Parícutin Atl reinventó su técnica e incluso llevó a su máximo esplendor la experimentación cromática, al punto de transformar los azules más cálidos y apacibles en rojos violentos y avasallantes ante las miradas atónitas de los espectadores.

 

Imagen 18.- Gerardo Murillo “Dr. Atl” (1875-1964), “Erupción del Parícutin (reverso)”, 1943, Atl color sobre madera, 168 x168 cm. Museo Nacional de Arte. Tomado de ¡Puro mexicano! Tres momentos de creación, México, Museo Nacional de Arte, INBA, 2014, p. 65.

 


 

 


Imágenes: 19, 20 y 21.- “Policromía del Parícutin”, Gerardo Murillo, imágenes tomadas de Dr. Atl, Cómo nace y crece un volcán. El Parícutin, Ed. Facsimilar, México, El Colegio Nacional, 2017.

Las escenas logradas por Atl parecieran ser exóticas danzas en las que el movimiento, el conocimiento pleno de la naturaleza y el deseo, sucumben ante las manos del pintor. Sin duda Atl fue el mayor confesor del Parícutin, en la figura del hombre delgado de barba larga el volcán depositó todos sus secretos. Para Atl, el volcán constituía la mayor expresión de renovación vital, por ello lo escuchó al oído, fue capaz de descifrar todos sus lenguajes, desde la furia más explosiva hasta el momento casi místico de contemplación.

Otro pintor que reclamó su derecho coterráneo para con el volcán fue Alfredo Zalce. Desde su arte de denuncia quiso expresar el malestar que le ocasionaba la llegada masiva de «turistas» a los alrededores del Parícutin. Zalce, de la misma forma que Revueltas, retrata el quebranto de lo cotidiano para los comuneros de San Juan y San Salvador Combutsio, reclama además el estrambótico negocio en que la erupción se transformó ante la mentalidad usurera. Pero también se rinde ante la fascinación que le causa el paisaje deconstruido, al pintar la torre del viejo Parangaricutiro cual mástil enclavado en el mar de lava que apenas respetó el altar mayor que albergara en otros días al Cristo de los Milagros.

 


Imagen 22.- Alfredo Zalce, “El Parícutin”, 1949, óleo sobre tela, 68 x 103 cm, colección particular, véase: Zalce total, Morelia, Michoacán, INBA, Gobierno del Estado de Michoacán, Gobierno del Estado de Guanajuato, 1995.

 

Imagen 23.- Alfredo Zalce, Parícutin, 1949, Duco/Mazonite, 84x65 cm., véase Alfredo Zalce. Artista michoacano, Morelia, Mich., Gobierno del Estado de Michoacán, SEP, IPN, Instituto Michoacano de Cultura 1997.

 
Junto a la figura de Zalce, destacó sin duda otro de los más interesantes representantes de la Escuela Mexicana de Pintura, quien se desligó pronto de las expresiones pictóricas posrevolucionarias para legar a la posteridad los trazos de una tradición totalmente personal: Raúl Anguiano. Aunque en su obra eran conocidos ya algunos fragmentos del volcán Parícutin, fue hasta el 2015 que gracias a la iniciativa de la Casa de Cultura de Coeneo, se dio a conocer una serie de bocetos, en su mayoría dibujos al carbón y acuarelas, que habían permanecido ocultos a los ojos del público. Dentro de este desconocido acervo destacan cinco bocetos extraordinarios del Volcán Parícutin. Por los datos de referencia inscritos en el papel, Anguiano nos da cuenta de que conoció al Parícutin en el año de su nacimiento. Sin embargo, no sólo es el año lo que nos dice que Anguiano presenció el alumbramiento, sino la secuencia pormenorizada de sus escenas que marcan la actividad paroxismal del volcán desde el verano de 1943 y posiblemente hasta los primeros meses de 1944.



 Imágenes 24 y 25.- Raúl Anguiano, Parícutin, acuarelas, 1943, colección particular.

 

De esta manera, Anguiano plasmó al carbón el surgimiento y desarrollo completo del cono, lo cual de acuerdo a la opinión de los expertos debió ocurrir en el transcurso de mes y medio a partir de su nacimiento. La apasionada violencia de las erupciones del Parícutin en sus primeras etapas es evidente en un par de acuarelas. Con sólo mirarlas pareciera que en los oídos del espectador resuenan los estruendos de la energía desmedida, el arrojo inmenso de lava, bombas, y esa llovizna eterna de arena y lapilli descritas una y otra vez en los centenares de líneas dejadas por los viajeros.



Imágenes 26 y 27.- Raúl Anguiano (izquierda), Parícutin, dibujo al carbón, 1943, colección particular. Raúl Anguiano, (derecha), Paisaje del Parícutin I, Dibujo al carbón, 1943

 
La opinión experta de los geólogos nos revela además que la obra de Anguiano retrató convenientemente la despiadada improvisación de los flujos piroclásticos, mientras en serenísimos blancos quiso exponer también candentes respiros de vapor de agua. Una cuarta vista recrea un paisaje mucho más apacible, con un cono majestuoso que exhala una delgada y larga línea de humo, seguramente de varios kilómetros hacia el infinito; observado todo por algunos testigos, como se había hecho ya costumbre en las márgenes del volcán. En la última acuarela retumba ya la vigorosidad del Sapichu, y sobre él, una lluvia incesante de rocas de todos tamaños, como solicitando la atención de la madre que cautelosa lo mira desde el tercer plano.

 En general, las escenas del Parícutin logradas por Anguiano, nos recuerdan al igual que el legado de Atl, una fascinación inmensa del pintor ante el fenómeno natural. Anguiano seguramente recorrió el perímetro del cono, y desde el Canicjuata, con la loma de Capatzin al fondo, o bien, mirándolo desde el norte, nos compartió los detalles de sus travesías.

 
 

Referencias

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 Atl, Dr., Cómo nace y crece un volcán, el Parícutin, 1943-1950, (ed. Facsimilar), México, El colegio Nacional, 2017.

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Última actualización 20/febrero/2019


 
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